La terapia de ondas de choque aplica impulsos acústicos de alta energía sobre el tejido lesionado. No es una solución universal, pero en ciertas lesiones persistentes es una de las herramientas más eficaces de las que disponemos.
Cómo actúa
Las ondas estimulan una respuesta biológica en el tejido: mejoran la circulación local, activan procesos de reparación y reducen la sensibilidad al dolor. Por eso se usan sobre todo en problemas crónicos, que llevan semanas o meses sin evolucionar, y no en lesiones recientes.
Dónde tiene mejor respaldo
- Fascitis plantar crónica (dolor en el talón).
- Tendinopatía calcificante del hombro.
- Tendinopatía aquílea y rotuliana.
- Dolor en la cara lateral de la cadera (síndrome de dolor trocantéreo).
- Epicondilalgia o «codo de tenista», con resultados más variables.
Qué esperar
Lo habitual son entre 3 y 5 sesiones, separadas aproximadamente una semana. La aplicación puede resultar molesta, pero es tolerable y la intensidad se ajusta a cada persona. La mejoría suele ser progresiva y se valora en las semanas siguientes, no al salir de la sesión. En las tendinopatías funcionan mejor combinadas con un programa de ejercicio de carga progresiva.
Cuándo no está indicada
No se aplica durante el embarazo, sobre zonas con infección o tumores, sobre cartílagos de crecimiento ni en lesiones agudas, y requiere precaución en personas con trastornos de la coagulación o que toman anticoagulantes. Por eso siempre va precedida de una valoración.
En resumen
- Útil en lesiones crónicas y tendinopatías concretas, no en lesiones recientes.
- Suelen bastar 3–5 sesiones semanales.
- El efecto se nota a lo largo de las semanas siguientes.
- Combinada con ejercicio, mejor resultado.
¿Te identificas con este caso?
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Este artículo es divulgativo y no sustituye una valoración individual. Si tienes dolor persistente o una lesión, consulta con un profesional.
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